Voy a hacer un pequeña digresión sobre el tema de la autoestima. Creo que viene al caso y es el mejor aporte que puedo hacer.
No será valorado, pues en este hilo abunda la gente que cree que es mejor conformarse con el PEOR aporte que uno pueda hacer, pero alguna semillita sembraré. Eso espero, al menos.
Todos aquellos que tengan una gran autoestima, y estén muy contentos consigo mismos no lo van a entender. Eso lo adelanto ya. El maestro de los canutillos puede ya dejar de leer... si continúa leyendo podría entender algo que seguramente le haga sentirse peor.
Desde hace unos 200 años, desde todos los frentes, han intentado convencernos de que la autoestima es muy importante, que hay que quererse a uno mismo, tener confianza en uno mismo, etcétera. Lo ponen en casquivanos mensajitos motivacionales impresos en tazas, en tarjetas de regalos, en cancioncicas pop, en las películas. Empoderarse, aceptarse a uno mismo. Todo el día con la misma matraca motivacional.
Esa es, quizá, una de las mentiras más grandes con la que han engañado a las generaciones milenial. Van todos con el mantra de la autoestima, creyendo que su vida será más feliz, y tendrá mayor significado, si se inflan de autoestima como un sapo se llena de aire.
En realidad es falso, no sirve de nada y es una estrategia que conduce a una mayor y mayor amargura conforme pasan los años.
Lo más sano no es inflarse de autoestima. Tampoco lo más productivo. De hecho, es una forma de engañarse a uno mismo. A la niña gordita le dicen que debe aceptarse a sí misma, y quererse, pero si lo hace... lo único que hará es aniquilar cualquier ambición de adelgazar. Jamás se sentirá orgullosa de sí misma. Íntimamente y profundamente orgullosa de sí misma. Tras la autoestima sólo esconderá la frustración y el despecho.
Al gañán que no liga le dicen que no liga porque no se quiere a sí mismo, porque no tiene confianza en sí mismo y blablablá. Así que él se infla el cuello con aire y sale a la calle todo encabronado, inflado de autoestima, a soltar exabruptos a las muyeres. Ha hecho bien... ahora se valora a sí mismo, lo cual es sanísimo de la gloria... ¿no?
Al pánfilo de los circulitos le ocurre lo mismo. Se infla de autoestima y cuenta ese chiste que no funcionó... porque tiene una autoestima así de grande, y la gente con mucha autoestima es muy graciosa, e inventiva e inteligente y muy machota, y por eso es permisible contar un chiste fracasado 1000 veces.
Ahora, confrontémonos con la realidad... esa realidad con nos ataca a todos de sopetón cuando estamos solos y desprevenidos, ese espejo en el que sólo nos miramos a nosotros mismos, ese otro yo, silencioso, que observa a nuestro yo parlante, lleno de autoestima, que parlotea sin parar.
Nuestro yo silencioso es como una serpiente... nos observa con quietud, como hacen las serpientes. No se sabe si nos estudia o nos amenaza, un poco como miran los gatos. Y ese yo de nuestro yo, ese yo íntimo, ese yo en nuestro interior que sabe LA VERDAD sobre nosotros nunca desaparece. Podemos ocultarlo, podemos echarlo a un lado, pero permanece ahí observando, como una efigie que jamás podemos derribar.
Nuestro yo silencioso, nuestra serpiente, es importante, porque nunca miente y nos dice la verdad.
A la niña gordita le recuerda que está fuerte como una vaca.
Al gañán que no liga le recuerda que sigue sin ligar, por mucho que se encabrone.
Al pánfilo de los circulitos le recuerda que su chiste no es hilaridad, ni constructividad, ni ingenio, sino pura bilis y malas tragaderas.
A nuestra serpiente interior, a nuestro gato interior, no le podemos confundir con máscaras, postureos o autoestima. Ante el yo de nuestro yo estamos desabrigados. Y el yo de nuestro yo nos dice que deberíamos AVERGONZARNOS, librarnos de esa autoestima y solucionar nuestros problemas, nuestros conformismos, nuestros vicios, y nuestros errores. Con disciplina, crítica, y esfuerzo personal.
La serpiente le recordará, sin palabras, a la gordita que debe dejar de quererse a sí misma, y ponerse a hacer dieta y ejercicio.
El gato interior del gañán le dirá que debe dejar de encabronarse y hacer un ejercicio PROFUNDO de introspección para descubrir qué es lo que tiene que cambiar para poder ligar. Quizá deba preocuparse más por su aspecto, o aprender a ser más delicado, o esforzarse en ampliar su círculo de contactos, o dejar de tocarse.
Al pánfilo de los circulitos su serpiente interior le dice la verdad: no está siendo buena persona, ni especialmente humorístico, ni constructivo ni nada que se le parezca. Sólo está siendo un perversos desesperado por ofender con lo que sea. Y su serpiente interior, silenciosa, se lo recuerda una y otra vez... y aunque huya, jamás podrá esconderse de ella.
La solución a ese nihilismo en el que nos envolvemos NO es la autoestima. Al contrario. La solución pasa por sentir ardor de estomago verdadero de lo que somos y de todo lo que hacemos mal.
Nadie se encuentra jamás bien consigo mismo hasta que aprende a ser duro y exigente consigo mismo. NADIE.
La fuerte, en su fuero interno, sabe que está fuerte.
El gañán sabe que no liga porque algo hace mal.
El pánfilo sabe que no se le ocurren chistes, que no es una persona de buen corazón y que no tiene una personalidad marcada. Él sabe que nunca aporta puntos de vista nuevos, o refrescantes. Él sabe que intelectualmente se conforma con ser homogéneo como un yogurth.
Seguro que creeréis que voy de broma, que esto no tiene sentido, o que estoy loco.... Pero creo que la mayor parte de vosotros, si se comparara con la persona que era hace una semana, y lo hiciera con auténtica honestidad, profunda e íntima... se avergonzaría.
Así que, Profesor Circulitos... se lo recuerdo: usted podrá pavonearse con esa pajita todo lo que quiera, pero su serpiente interior puede ver aquello que todos, menos usted, ven con claridad. Su serpiente interior sabe que no tiene más aporte que ese chiste fracasado, que su mejor intención es ofender, que sólo pretendiendo ofender se autoconvence de poseer alguna vistud humana. Su serpiente lo sabe, y yo lo sé.
Todos ven una fuerte en la fuerte, excepto ella misma, porque ha caído en la trampa de la autoestima.
Todos ven al gañán en el gañán, excepto él mismo, porque ha caído en la trampa de la autoestima.
Todos ven la desesperación y el conformismo en el pánfilo, excepto él mismo, porque ha caído en la trampa de la autoestima.
¿Creeis que mejillón no sabe que es perversos? Bueno... puede que él no lo sepa, pero podéis creerme... Su serpiente interior lo sabe, y se lo recuerda... y seguramente llora por ello.
Os deseo mucha suerte y mucho coraje en la lucha contra vosotros mismos.