Hay que comer de lo que le apetezca a uno hasta hartarse y de la mejor calidac que el bolsillo pueda pagar.
Yo me acabo de meter entre pecho y espalda un bocadillo de panceta de gorrino ibérico bien frita en aceite de oliva con rodajas de tomate raff, albahaca fresca, ajo picado y pan campesino traido caliente de la panadería bien tostado en la misma sarten que la panceta. Todo ello empujado con tres cuartos de litro de cerveza holandesa Texel.
A GUSTO QUE ME HE QUEDADO.
Y si por el colesterol o los trigliceridos dios me llama al cielo, pues alla que iremos. Que en la lápida ponga que murió haciendo lo que amaba. Lo que es estropeado que la gloria te pille con la barriga llena de acelgas rehogadas sin sal.