Estamos volviendo a la época de nuestros padres, trabajando el que pueda para tener lo imprescindible y ahorrando para pagar la hipoteca lo antes posible. Lo de salir a cenar todas las semanas, un lujo.
Nada nuevo en el horizonte, la historia se repite para llevarnos al punto de partida. Algo muy sano que esta sociedad estaba pidiendo a gritos.
Quitando el drama del paro a niveles insostenibles con unos endeudamientos desorbitados, esta crisis traerá recuerdos pasados, las familias ahorrando todo el año para disfrutar de unas humildes vacaciones y el coche que tire 20 años.
Y los que podemos mantener el antiguo tren de vida nos retraemos para cuando llegue el día de poder comprar una vivienda a un precio digno sin condenarnos el resto de nuestras vidas, porque el resto de cosas, simplemente son prescindibles.
Hemos pasado del ser al tener, del tener al deber y volveremos al ser de nuevo, valorando los pequeños lujos.
Consumir hay que consumir para que el dinero circule, pero por favor, con responsabilidad y a unos precios razonables, que nos hemos subido un poco a la parra (hablo mas que nada de la hostelería).