PREPUBLICACIÓN DEL LIBRO 'EL SUCESOR'
Así intentaron bloquear la elección del Papa Benedicto en el Cónclave de 2005
Tal como revela el papa Francisco en el libro 'El sucesor', el 19 de abril de 2005, los votos que recibió el entonces cardenal Bergoglio hacían posible empantanar la elección
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Los cardenales realizan su juramento en los momentos iniciales del cónclave de 2005 que eligió a Benedicto XVI //REUTERS
JAVIER MARTÍNEZ-BROCAL
Corresponsal en el Vaticano
31/03/2024 a las 04:03h.
El
Papa Francisco corrige y completa el relato del delicado cónclave de 2005 en el que fue elegido Benedicto XVI y revela que, aunque él mismo fue el segundo purpurado más votado,
la estrategia no era elegirle Papa sino bloquear la candidatura de Ratzinger y colocar en la sede de Pedro un nuevo Pontífice italiano. En el libro
'El Sucesor', del que ABC publica un extracto en exclusiva mundial, Francisco explica los motivos que le llevaron a detener esta «maniobra» y confirma que él mismo votó por el cardenal Joseph Ratzinger.
En el cónclave de abril de 2005 había muchos elementos en juego. Juan Pablo II había fallecido 16 días antes, el 2 de abril. Este Pontífice gigante
había guiado los designios de la Iglesia durante casi 27 años y algunas generaciones no habían conocido otro Papa ni otro modo de guiar la Iglesia.
Los cardenales entraron en la Sixtina con el peso del «luto» y la enorme presión de los tres millones de peregrinos que habían acudido a Roma para participar en el velatorio de
Juan Pablo II y del homenaje de casi todos los líderes mundiales que presenciaron su funeral en San Pedro. No era posible una ruptura total. Sin embargo, sus últimos años habían sido tortuosos, pues
su salud le había impedido tomar decisiones de gobierno, tarea que asumieron colaboradores cercanos con la idea de gobernar 'ad mentem Papam', o sea, decidir lo que habría decidido Juan Pablo II si se le hubiera consultado.
Según escribe el historiador Roberto Regoli en su libro 'El pontificado de
Benedicto XVI', en este cónclave había dos cuestiones en juego. La primera, «el reequilibrio de las relaciones de poder entre obispos y Curia vaticana, que algunos cardenales residenciales querían resolver a favor del episcopado». La segunda,
«el papel de la Iglesia en el mundo», especialmente «en ámbito ético y la propuesta integral de la doctrina y la jovenlandesal».
Al final, decidieron que había que buscar alguien con capacidad de proponer la fe y la doctrina de un modo nuevo, a una sociedad que parecía indiferente. Para el cardenal Jean-Louis Tauran, el desafío central era «la transmisión de la fe, la fe no puede ser solo sentimiento, también coherencia de vida».
Ya tres años antes, el vaticanista John Allen había individuad
o tres «corrientes» o partidos de cardenales, según cómo habrían respondido a esta cuestión. Se trata de la «Policía fronteriza», nombre que atribuía al sector
conservador, al que preocupaba que la fe perdiera su sentido original; el «Partido de la Sal», o moderado, que solicitaba que la Iglesia influyese más en la sociedad y le diera sabor; y los «Reformistas», que defenderían cambios en la Iglesia, como menor centralismo vaticano y mayor democracia.
A la hora de votar en 2005, esos supuestos «partidos» no se presentarían de un modo compacto y entrarían en juego nuevos factores. Según Regoli, las eventuales alianzas se apoyaron en «el carácter de cada cardenal en particular,
los personalismos, las amistades y los antagonismos internos del colegio», por ejemplo, si el futuro Papa debe venir del Sur del mundo, donde está creciendo la Iglesia, o de la Vieja Europa, en crisis de fe.
Ratzinger, el único candidato sólido
A la hora de la verdad, el único candidato sólido era el cardenal Joseph Ratzinger, a quien Juan Pablo II se había referido en su último libro como «un amigo de confianza» por el que «daba gracias a Dios». Además, acaparó muchas miradas durante la Sede Vacante por su cargo como cardenal decano. A él correspondió celebrar el funeral de Juan Pablo II, moderar las reuniones de cardenales y presidir el cónclave.
Tenía en su contra la edad, 78 años, aunque esto se volvió a su favor para quienes buscaron un pontificado breve de transición que ayudara a asimilar el largo papado de Juan Pablo II.
La regla del cónclave entonces vigente establecía que para ser elegido Papa eran necesarios
dos tercios de los votos más uno en este caso, 77 de los 115 participantes. Pero si no se alcanzaba antes de 34 escrutinios, bastaba la mitad más uno. En la práctica, significa que «una minoría de 39 electores podría bloquear durante aproximadamente diez días el resultado del cónclave», lo que podría obligar a la «mayoría» a «intentar una mediación en vistas a una elección con más consenso».
Tenían derecho a votar los 117 cardenales menores de 80 años, pero de ellos, dos, un mexicano y un filipino, no viajaron a Roma por problemas de salud.
Del grupo, un 62,4% eran europeos, el 19% de América Latina, el 11% de Norteamérica, otro 11% de Asia, un 10% de Asia y menos de un 1% de Oceanía. Además, un 17% son italianos, y un 17% de la Curia Vaticana. De
España participan seis cardenales: Francisco Álvarez, arzobispo emérito de Toledo, Ricardo Carles, arzobispo emérito de Barcelona, Eduardo Martínez Somalo, cardenal camarlengo, Julián Herranz, de la Curia vaticana, Antonio María Rouco Varela, entonces arzobispo de Madrid, y Carlos Amigo Vallejo, entonces arzobispo de Sevilla.
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Los cardenales se dirigen en procesión hacia la Capilla Sixtina para comenzar el cónclave de 2005 // AFP
La reconstrucción más fiable de lo que sucedió en la Capilla Sixtina es el diario de un cardenal anónimo, difundido probablemente con la intención de insinuar que Ratzinger había obtenido un apoyo un poco ajustado.
La tarde del 18 de abril votaron por primera vez. Mientras atardecía en Roma, Joseph Ratzinger recibió 47 votos.
Por sorpresa, el segundo fue Jorge Mario Bergoglio, que recibió 10. Aparte de ellos, Carlo Maria Martini, 9; Camillo Ruini, 6; Angelo Sodano, 4; Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, 3; Dionigi Tettamanzi, 2 y Giacomo Biffi, 1. Había otros 33 votos dispersos. La fumata de color rasgó el cielo de Roma a las 20.04 horas de la noche. Por eso, después de cenar, los partidarios de cada corriente fueron a pescar votos entre sus compañeros indecisos.
El martes 19 de abril por la mañana hubo dos escrutinios. En el primero, Joseph Ratzinger recibió 65 votos, 18 más que la tarde anterior; Jorge Mario Bergoglio, 35, o sea, 25 más. Se mantuvieron los 4 a Sodano, los 2 a Tettamanzi, el voto a Giacomo Biffi; y otros ocho más repartidos.
Procedieron inmediatamente al tercer escrutinio y
continuaron aumentando los apoyos tanto a Ratzinger como a Bergoglio. Joseph Ratzinger recibió 72 votos y se quedó a 5 de la elección; Jorge Mario Bergoglio, 40; Darío Castrillón Hoyos, 1. Fumata de color a las 11.52 horas.
El cónclave entró en una fase decisiva. Con esos 40 votos, si los partidarios de Bergoglio se hubieran comportado como un bloque compacto,
podrían haber bloqueado diez días la elección de Ratzinger, tiempo suficiente para que él la retirase, de modo que hubiera sido necesario buscar otro candidato.
De hecho, el diario del cardenal anónimo registra un comentario de Martini, quien explica que si mantienen esos 40 votos durante las dos votaciones de la tarde, al día siguiente estarían en liza dos cardenales diferentes. Incluso menciona que fue sondeado el cardenal portugués José Saraiva Martins. «
Todavía no estaban de acuerdo sobre quién, pero ya estaban a punto de lanzar un nombre», apunta ahora el Papa Francisco, quien recuerda que buscaban un purpurado italiano. En ese caso, otro cardenal con habilidad para aunar las dos corrientes era Giovanni Battista Re, quien tenía 71 años y era prefecto de la Congregación de Obispos.
«Me usaban a mí, pero detrás ya estaban pensando en proponer a otro cardenal», aclara el
Papa Francisco. «
No embromen con mi candidatura, porque ahora mismo voy a decir que no voy a aceptar, ¿eh? Dejame ahí», dijo entonces abriendo el paso a Benedicto XVI.
El frente anti-Ratzinger no encontró un candidato alternativo para la votación de la tarde, el cuarto escrutinio. Allí, Joseph Ratzinger recibió 84 de los 115 votos y fue elegido Papa con los votos de quienes horas antes habían votado a Bergoglio. La fumata blanca se alzó a las 17.50 horas.
Benedicto XVI fue elegido en tiempo récord, cuatro escrutinios, como Juan Pablo I. Sólo hay dos pontífices elegidos con menos, León XIII en 1878 y Pío XII en 1939. Juan Pablo II necesitó ocho, Pablo VI, seis, y Juan XXIII, once.
Si Bergoglio no se hubiera retirado, Ratzinger no habría permitido que mantuvieran su candidatura a toda costa y habría solicitado la búsqueda de un nuevo candidato. El entonces arzobispo de Buenos Aires recibió a pesar de todo 26 votos en el último escrutinio. El diario anónimo menciona también que recibieron un voto los cardenales Christoph Schönborn, Bernard Francis Law y Giacomo Biffi.
- Editorial Planeta Testimonio
- Fecha de lanzamiento 3 de abril de 2024
Sobre a quién votó Benedicto XVI se especula entre Giacomo Biffi o Jorge Mario Bergoglio. J
orge Mario Bergoglio asegura que él votó a Joseph Ratzinger. «Era el único que en ese momento podía ser papa. Después de la revolución de Juan Pablo II, que había sido un pontífice dinámico, muy activo, con iniciativa, que viajaba... hacía falta un papa que mantuviera un sano equilibrio, un papa de transición», revela ahora en 'El Sucesor'.
Según Regoli, en la elección «pesó la autoridad jovenlandesal, intelectual y doctrinal del personaje; el vínculo profundo con el pontificado wojtyliano, indicando así una continuación a nivel doctrinal dentro de un estilo de gobierno diferente; la edad, que había impedido una excesiva extensión cronológica del pontificado».
Tal como revela el Papa Francisco en el libro 'El sucesor', el 19 de abril de 2005, los votos que recibió el entonces cardenal Bergoglio hacían posible empantanar la elección
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