Extirpan parte del bazo a una joven apalizada en Nochevieja

Parece que NO es significativo que estas jaurías de delincuentes tengan como nexo común el que son extranjeros, al ciudadano se le niega el derecho a ser informado de ello para que así no pueda sacar sus propias y evidentes conclusiones.

Gran trabajo periodístico de ocultación de la verdad.
 
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Lucía e Iraitz (nombres ficticios) no habían salido nunca antes en Nochevieja. Para estas dos jóvenes bilbaínas, de apenas 19 años, era una noche muy especial. Se pusieron sus mejores galas, cenaron, tomaron las uvas con sus familias y cogieron el metro para dirigirse al centro. Se bajaron en Abando y se acercaron a Jardines de Albia. El reloj apenas superaba la una de la madrugada y ya había montado un gran botellón en la zona.Las dos jóvenes habían quedado allí con unos amigos. Tenían entradas para un cotillón que se celebraba en un local cercano y estaban muy ilusionadas.
No llevaban mucho allí cuando vieron acercarse a un grupo de unos 5 ó 6 individuos. Las chicas no saben calcular con precisión cuántos eran. Tampoco pueden decir cuánto duró la lluvia de patadas y golpes que sufrieron cuando las tiraron al suelo. Todo fue bastante rápido y, además, se produjo momentos antes de la batalla campal, con navajas y botellas rotas, que se montó en Jardines de Albia la pasada Nochevieja. La reyerta se saldó con varios heridos y cinco detenidos, algunos de ellos miembros de bandas juveniles.

Lucía sufrió jovenlandesatones por buena parte del cuerpo. Iraitz tuvo peor suerte y le han tenido que «extirpar parte del bazo». Lo que es más difícil de superar es la sensación de «desamparo» que sintieron cuando estaban allí tiradas y el desasosiego que todavía hoy, diez días después de lo ocurrido, se les ha instalado en el cuerpo. «Lucía tiene miedo de salir a la calle. Piensa que se los puede encontrar otra vez y que le vuelvan a hacer lo mismo. Eran una manada», explica su progenitora en una conversación con EL CORREO.

Lucía e Iraitz son los nombres ficticios de estas dos jóvenes bilbaínas. No quieren facilitar su verdadera identidad por miedo a represalias por parte de sus agresores. Sólo quieren pasar página y que la Policía consiga detenerles.
Ilusión
«Era la primera vez que salían en Nochevieja y habían quedado para ir a un cotillón»


La progenitora de Lucía explica que los individuos empezaron a merodear a las jóvenes a pesar de que estaban rodeadas de personas. Estaba «claro» que iban a por sus teléfonos móviles. Primero les pegaron un empujón y les lanzaron la mano. Las chicas se revolvieron y trataron de poner a salvo sus pertenencias. Fue entonces cuando uno de ellos les dijo que le diesen «todo lo que tenían».
Las jóvenes se negaron y comenzaron los golpes. Les lanzaron patadas en las piernas, sobre todo por debajo de la rodilla, para tratar de tumbarlas. Después, ya en el suelo, puntapiés en el costado. A Lucía le quitaron su Iphone, 20 euros y la cartera con su tarjeta y la documentación. A su amiga, otro teléfono móvil y la cartera. «Ni dios les ayudó», se duele su progenitora, que sin embargo también entiende que la gente tuviese miedo a defenderlas y recibir un cuchillazo.
Secuelas
«Eran una manada. Mi hija tiene miedo a salir porque piensa que se los puede volver a encontrar»

Lucía no sabe cuánto tiempo estuvo en el suelo. Lo que recuerda es que, cuando pudo levantar la cabeza, observó que se había montado una gran reyerta en la zona. ¿Está relacionado el robo con violencia que sufrieron estas dos chicas con la batalla campal que se originó después? Su familia no lo sabe, pero reconoce que es una de las posibilidades.
Las chicas salieron corriendo y llorando de allí y volvieron a casa en metro. Lucía llegó con el abrigo roto de los tirones y con golpes por todo el cuerpo. Trataron de tranquilizarla. Después acudieron al hospital. Anularon las tarjetas y algunos familiares volvieron a Jardines de Albia a buscar las carteras. Miraron incluso en las papeleras, pero no hubo suerte. A Iraitz le dolía cada vez más el costado y, tras hacerle unas pruebas, tuvieron que «extirparle parte del bazo» por la gravedad de las lesiones.
También acudieron a comisaría a presentar una denuncia. Han pasado diez días desde entonces. Lucía sigue con miedo y lo ocurrido ha hecho que no se muestre tan «tolerante» como era antes. Su familia y sus amigos no hacen más que revisar las redes sociales con la esperanza de que alguien grabase lo ocurrido para poder identificar a los agresores. Pero de momento no han encontrado nada.

¿Y por que había que ayudarlas? a ver, que se que está mal pero es lo que me han enseñado, aparte que nadie a preguntado quien metió esa guano en la calle.
 
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