Bueno, ahora me toca a mí, que en muchas ocasiones me he animado a contar mis experiencias fallidas, pero no había tenido demasiado tiempo o energías.
Mis experiencias no son tanto empresariales como profesionales, pero sirven para extraer una jovenlandesaleja que se puede extender a todos los campos.
En esta ocasión contaré la primera, para tampoco cansaros.
Acabo la carrera, estudio mil y un cursos chorras, simultaneo con la pasantía, atareado 25 horas al día, lo propio cuando te vas a comer el mundo.
Me llama un familiar, concretamente un tío. Una Comunidad de Propietarios con un Presidente íntimo suyo, que está hasta los mismísimos del Administrador, que trinca a manos llenas, hablamos de una macro Comunidad de un montón de torres en la Costa del Sol, gran malestar entre los vecinos, eso suponía 30.000 euros al año de honorarios de Administrador hablando de un presupuesto anual de varios cientos de miles de euros.
Yo no me había colegiado ni de abogado, como para meterme en fregados de colegiación como Administrador de Fincas, con 1.800 leuros que suponía el alta colegial con título, un disparate, sobre todo para el que empieza. Eran los momentos (principios de siglo) en que el Colegio de Administradores denunciaba por intrusismo a los abogados que administraban fincas. Después la jurisprudencia mayoritaria ha inclinado la balanza a favor de los abogados.
Pues nada, llamadas a diario de mi tío, eso iba a ser la repanocha, le había hablado de mi honestidad al Presidente y el Presidente decía que sin dudarlo, que le mandara un presupuesto, que entraba de nuevo Administrador. Claro que para preparar un presupuesto necesitaba estar dado de alta fiscalmente, lo que suponía el dichoso alta como Administrador y la colegiación.
Tanto insistió que en mi casa me empezaron a presionar también, por aquello de aprovechar una oportunidad de futuro, eso parecía que iba a ser como entrar de funcionario. Bueno, pues finalmente cedo, me prestan el dinero en casa (pues yo empezando a moverme apenas ganaba dinero para mis gastos) y elaboro el prometedor presupuesto, que me iba a dar la Comunidad que me asegurara el futuro.
A la semana de mandarlo, llamo a mi tío, que responde:
- Espérate, espérate, que todavía no me han dicho nada.
A las dos semanas de mandarlo, insisto a mi tío, que responde:
- Espera, espera, que mi amigo Presidente dice que esperes.
A las tres semanas de mandarlo, sigo insistiendo, y mi tío:
- No tengo noticias, pero me dijeron que eso estaba hecho.
Al mes, sigo insistiendo, y mi tío:
- Está a punto, está a punto, dicen.
Mi familia me comenta que no moleste más, que espere, pero claro yo estoy hasta los cataplines de esperar porque ya me llegaba la primera cuota mensual del Colegio de Administradores de Fincas, otros 30 leuros del ala como administrador ejerciente.
Al mes y medio llamo otra vez, y me dice mi tío:
- Mira, que me ha dicho mi amigo Presidente que van a seguir con el mismo Administrador, porque ha prometido rebajar un 25 % sus honorarios y este año empezar a hacer las cosas de otra manera, que la gente estaba descontenta por el trato y tal, pero que eso cambiará de la noche a la mañana, que se disculpa y que sigue. Claro, ante eso, si lo quiere la Comunidad, el Presidente no puede oponerse y tal. Ante eso, sobrino, qué quieres que te diga...
jovenlandesaleja: Quien más te quiere, más te joroba. O por lo menos más posibilidad tiene de jorobarte bien con su buena voluntad.
En mi caso me sirvió para aprender, porque cogí tal rebote de mala leche que busque subvenciones por cielo y tierra y la Junta de Andalucía ante tan fabuloso proyecto que monté sobre el papel, me dió 5.000 jugosos euros a fondo perdido, con los que devolví a mi familia los 1.800 euros de la colegiación, pude colegiarme de abogado y hasta comprar el mobiliario de despacho.
No creo que haga falta decir que tal proyecto nunca vió la luz. Y que la mala leche todavía me sigue.
Otra jovenlandesaleja que saqué fue que si metes la gamba, tienes que echarle cigotos y no parar hasta que no deshagas lo anterior, de forma que el resultado global sea positivo.
Ya lo dicen como aforismo en la abogacía: "ni frutas, ni parientes, ni pobres".
Pero no hablo de tenerlos como clientes, sino como consejeros... los parientes... bien lejos.