Señoritismo rancio con dueños lamentando los nuevos derechos laborales, entre ellos las vacaciones, ha habido hasta casi ahora, y digo casi porque lo he visto en los 90 y 2.000 con mis propios ojos. Y no estoy hablando de Andalucía o Extremadura, era más al noreste de España.
Lo mejor, los buenos capataces y especialistas se iban a otras fincas donde se les trataba mejor, el boca oreja más la movilidad y el abandono del campo lo propició, y yo que me alegré de ver haciendas que iban a más, bien bonitas y aseadas, con condiciones de trabajo razonables y trato (muy) humano a los buenos peones o especialistas, derivando en otros negocios y evoluciones (turismo rural, industria alimentaria, etc.). Los "malos", la finca e instalaciones cada vez peor, palmar dinero y tener que contratar extranjeros que al final acabaron "limpiando" lo poco aprovechable, armando ***ones laborales, etc. Tuvieron lo que se merecieron.
Respecto al carácter de los españoles, nos creemos especiales pero en todos sitios cuecen habas lo que no las olemos, seguro que en otros países pasa algo parecido.
Me quedo con una frase de un gran encargado que dignificó su cargo con sangre, sudor y lágrimas, con una gran calidad humana él y su familia, frase que seguro será extensible a todo el orbe: "Hay trabajadores que por la mañana se levantan, se toman un café con leche, vienen a la finca, cumplen razonablemente su trabajo sin matarse pero tampoco vaguear, y se van a casa. Hay otros que el primer pensamiento que tienen cuando se levantan es: qué podría hacer hoy para cabrear al encargado?"
Los segundos, los he visto por todos lados y en todos los sectores, incluso en mi familia. En parte son el motivo por el que, siendo mando intermedio con buen puesto y sueldo, me volví a mis (pocas pero bien cuidadas) tierras a trabajar como autónomo por mucha menos pasta. Hay cosas que no se pagan con dinero: tener que lidiar con exigencias y objetivos de los jefes por arriba, competir con la competencia, valga la redundancia, intra y extra empresarial, y aguantar desgraciados que por su auto asumida desorganización vital y falta de de inteligencia se dedican a jorobar a todos, incluso sus muyeres e hijos, para tapar sus vergüenzas, en una especie de celos cainitas contra todo y todos, es muy estropeado.
Que lo haga otro, prefiero tener bien aseado mi corral aunque gane menos como productor agrícola de base que no me de un tabardillo por culpa de cuatro desgraciados, y os aseguro que no tengo una mala palabra hacia los que eran mis antiguos jefes, unas bellísimas personas, los malos eran otros. Si a eso le sumas ser un cuarentón divorciado de tonalidad blanco lechoso en este país... como me dijo, en este caso, un tractorista: "para arruinarnos trabajando mejor nos arruinamos en el sofá mirando la tele". O en mi caso trabajando bien mis cosas aunque tenga que renunciar al postureo actual. Esa es otra: lonchafinismo o gloria!!!