Bribon 2.0
Lonchafinista
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Productividad. Eficiencia. Riqueza.
Hace algunos años un profesor dijo en clase que necesitabas unos 120 años, jugando todos los días y cantidades altas, para tener “suerte” en la lotería.
Es cierto de que hay casos de sujetos que se sacan millones, y repite, pero son casos aislados. La bolsa es similar. A largo plazo, se dice, solo el veinte por ciento de los participantes gana dinero. Más allá de que sea un dato verificable, o no, estamos en lo cierto de que es tan complejo como plantar papas y esperar dinosaurios.
Y es que, primero, la volatilidad; segundo, el ansia, que es el alopécico de cultivo de toda obsesión. Línea roja baja, línea verde sube. Mientras la pantalla, como maravilloso pezón erótico, nos brinda las estadísticas de la jugada.
Una noticia con pseudo-fuente frustra la travesía de los números; un rumor, alza la ambigua matemática de las acciones. Mientras tanto el usuario hace castillos de humo frente la carretera de los números, que, como todo vehículo, tiene un final: el recambio del material. Vender, comprar, intercambiar. Y que las ruedas sigan girando.
Hace algunos años un profesor dijo en clase que necesitabas unos 120 años, jugando todos los días y cantidades altas, para tener “suerte” en la lotería.
Es cierto de que hay casos de sujetos que se sacan millones, y repite, pero son casos aislados. La bolsa es similar. A largo plazo, se dice, solo el veinte por ciento de los participantes gana dinero. Más allá de que sea un dato verificable, o no, estamos en lo cierto de que es tan complejo como plantar papas y esperar dinosaurios.
Y es que, primero, la volatilidad; segundo, el ansia, que es el alopécico de cultivo de toda obsesión. Línea roja baja, línea verde sube. Mientras la pantalla, como maravilloso pezón erótico, nos brinda las estadísticas de la jugada.
Una noticia con pseudo-fuente frustra la travesía de los números; un rumor, alza la ambigua matemática de las acciones. Mientras tanto el usuario hace castillos de humo frente la carretera de los números, que, como todo vehículo, tiene un final: el recambio del material. Vender, comprar, intercambiar. Y que las ruedas sigan girando.