Follow along with the video below to see how to install our site as a web app on your home screen.
Nota: This feature may not be available in some browsers.
¿Cual es el mínimo de la bolsa de los ultimos años?
hoyga! aqui no hay sitio para dos piratas......
Prepárate a morir!!!!!!
El servidor cae, el ibex cae, bankia cae , aqui cae todo menos la casta
Subiremos a cerrar el gap y a buscar los 5000?
Es el momento de salir de la trinchera¿? ::
Los ingenieros yanquis, como siempre, han hecho las cosas al revés. Los norteamericanos han construido la bomba de neutrones, un grosero artefacto, sin imaginación ni clase, que mata a la gente y deja el entorno intacto. Mucho más sutil, diabólica y perverso es la bomba de castrones. La bomba de castrones diseñada en Cuba por el científico Fidel Castro, summa Cum Lande de la Universidad Patricio Lumumba de Moscú, rigurosamente probada en el atolón de La Habana, es un terrorífico ingenio que destroza, aniquila, barre, apabulla, desmenuza y pulveriza el entorno, pero deja a la gente viva, ¿Se inmagina el lector qué refinada crueldad? Una bomba que no quita la vida, sino la civilización. Está usted tomando café y fumándose un habano, tranquilamente, en un rincón del siglo XX y de pronto, y por los próximos veinte años, le cae en la cabeza un incesante bombardeo de megacastrones que le evapora el café, le raciona el habano, le desaparece el papel higiénico -lo que no llega a ser tan grave, porque también le suprime la comida-, y le fulmina el transporte, conviéndole cualquier trayecto en una hazaña himaláyica. Y usted, medio atontado aún, descubre que los pocos taxis que han sobrevivido, enloquecieron por el efecto de las radiaciones, y no paran nuncan, como si hubieran descubierto el movimiento continuo. Y luego nota con tristeza que el intenso calor ha destrozado las peliculas interesantes y sólo sobreviven los bodrios blindados de cine stalinista. Que no hay camisa, ni pantalones, ni medicinas, ni zapatos, ni desodorante, ni sostenes. Que no hay agua. Que la corriente alterna ha tomado en serio su apellido y se va y viene cuando le da la gana. Que la vida cotidiana del siglo XX, esa de apretar un botón y hágase la luz, o de aflojar una llave y gágase la ducha, o de darle vuelta a un disco y hablar con la remota tía, se ha esfumado. Porque lo que se escapa al galope, ligera, es su época, y la titánica lucha del cubano, como si fueran los mambises contra H. G. Wells, es por evitar que los devuelvan al siglo XIX, al burro, a la vela y a la tracción muscular. Y es una lucha difícil, porque transcurre bajo las cornisas asesinas de una Habana que se derrumba, y con un pie en el juzgado de guardia, mientras se intenta ilegalmente, adquirir una libra de picadillo para apuntalar el esqueleto, o una pócima casera que amanse la inclemente ferocidad del sobaco tropical.