Probablemente todo lo que hacía el dueño de un negocio franquiciado al que le fui a montar el sistema informático:
- Cuando llegué lo primero que hizo fue intentar que le arreglase la máquina de tabaco. No tuvo éxito, pero lo intentó.
- El módem -de aquella la comunicación con la central iba con modem por línea normal- lo tuve que conectar a una línea en la que el hombre puso un contador. La idea era que la central le descontara el importe de las llamadas de dicho modem. Lo consiguió.
- Cuando tuve que imprimir el informe de la instalación, la impresora no tenía papel. Le pedí papel al dueño. Me preguntó cuántas hojas necesitaba. Se lo dije y me dio exactamente el número de hojas necesarias. Ni una más. Me indicó que imprimiera sólo por una cara.
Me extrañó hasta que me dio las hojas y me di cuenta de que ya habían sido utilizadas previamente.
- Hasta que le montamos el sistema, llevaba las cuentas en un cuarto de hoja de din-a4. Es decir, cogía un folio, lo doblaba en cuatro partes, las cortaba y en ese cuarto de hoja, por una cara escribía todos los ingresos y por la otra los gastos. Así cuadraba la caja diaria. Se quejó porque el informe del nuevo sistema imprimía una hoja entera al hacer el cuadre.
- También era dueño de un restaurante que estaba pegado al negocio. Me invitó a comer -como otros muchos a los que les iba a montar el sistema- Pero en este caso la invitación sólo era a sentarme a la mesa. El importe de la comida no iba incluido en la invitación.
- Algunos meses más tarde fui por un aviso de avería de la impresora de tickets de la tienda. El problema es que los rollos de papel que vendía el fabricante de la impresora -específicos para ese modelo- le parecían muy caros, así que compraba paquetes de papel reciclado, los cortaba en tiras, los pegaba, los enrollaba y los usaba para sacar los tickets. Obviamente, el grosor del papel y las uniones provocaban que se atascara continuamente.
- Algo más tarde, tuve que volver debido a que los informes de ventas diarios que debían llegar a la central no llegaban. Se debía a que el hombre apagaba el modem y el ordenador todas las noches (la comunicación se hacía de noche para no interferir con la línea de teléfono). Ante la negativa de nuestro héroe a dejar el modem y el ordenador encendido hubo que modificar la hora de comunicación. Siguió habiendo problemas porque claro, esa línea de teléfono se usaba para pasar las tarjetas y para hablar y era la única de todo el negocio.
Luego cambié de trabajo, así que ya no volví a saber de las andanzas de nuestro amigo, pero estoy seguro de que sigue siendo un referente lonchafinista -más ahora en tiempos de crisis- y un espejo en el que mirarnos :
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