Carter Hayes
Madmaxista
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- 9 Jun 2012
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Desde crío fui siempre a la misma peluquería, la misma a la que iba mi padre. Una peluquería como Dios manda, con peluquero mayor, fumigada de colonia barata (que era agradable), frascos de Floïd por el mostrador y el Interviú, el Marca y el Heraldo en la mesita.
Jubilose el hábil caballero, coincidiendo con mis años mozos, lo cual aproveché para dejarme una frondosa melena, hasta que un aciago día, haciendo cola en Ibercaja, para más INRI, descubrí en el monitor de una cámara de seguridad que algo extraño pasaba en mi coronilla. Empezó un peregrinaje por distintas peluquerías: gaies, chapuceros... Hasta que descubrí una que acababa de abrir en el Pryca, en la que había un joven fantasmilla que me contó que había estado muchos años en una de las mejores peluquerías de Madrid, bla bla bla. A la hora de cortar el pelo, movía las manos a una velocidad infernal, peine y tijera, en 7 minutos había terminado. Yo miré al espejo con miedo y... ¡sorpresa, corte perfecto!.
Cerró el negocio, y tras un par de peluqueros sin mucha pena ni mucha gloria, y con mi alopecia avanzando, de manera extraña además, decidí tirar de maquinilla. Empecé con una Taurus convencional, de enchufe, que aguantó un par de años y cascó.
Actualmente ya llevo muchos años con una Philips, a batería y enchufable. A la batería le queda poca vida ya, pero está el enchufe. Es muy práctica, el cabezal es regulable en altura, por lo que con dos peines tienes para unas 15 longitudes de corte, aunque la empleo al cero siempre. También es giratorio, por lo que es muy cómoda para los laterales y sobre todo para el cogote. Además tiene una pieza muy útil para cejas, nariz y orejas. Me costó 50 pavos y creo que ya está descatalogada. El modelo es QC 5170.
Jubilose el hábil caballero, coincidiendo con mis años mozos, lo cual aproveché para dejarme una frondosa melena, hasta que un aciago día, haciendo cola en Ibercaja, para más INRI, descubrí en el monitor de una cámara de seguridad que algo extraño pasaba en mi coronilla. Empezó un peregrinaje por distintas peluquerías: gaies, chapuceros... Hasta que descubrí una que acababa de abrir en el Pryca, en la que había un joven fantasmilla que me contó que había estado muchos años en una de las mejores peluquerías de Madrid, bla bla bla. A la hora de cortar el pelo, movía las manos a una velocidad infernal, peine y tijera, en 7 minutos había terminado. Yo miré al espejo con miedo y... ¡sorpresa, corte perfecto!.
Cerró el negocio, y tras un par de peluqueros sin mucha pena ni mucha gloria, y con mi alopecia avanzando, de manera extraña además, decidí tirar de maquinilla. Empecé con una Taurus convencional, de enchufe, que aguantó un par de años y cascó.
Actualmente ya llevo muchos años con una Philips, a batería y enchufable. A la batería le queda poca vida ya, pero está el enchufe. Es muy práctica, el cabezal es regulable en altura, por lo que con dos peines tienes para unas 15 longitudes de corte, aunque la empleo al cero siempre. También es giratorio, por lo que es muy cómoda para los laterales y sobre todo para el cogote. Además tiene una pieza muy útil para cejas, nariz y orejas. Me costó 50 pavos y creo que ya está descatalogada. El modelo es QC 5170.
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